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sábado, 14 de abril de 2012

Hermosa y amarga Palestina



La belleza de una tierra encuentra aquí la amargura de un conflicto. Las veces que he podido estar en los territorios que en un futuro formarán el Estado de Palestina he quedado atónito por la belleza de los paisajes, el color de la tierra y la amabilidad de sus gentes. Al mismo tiempo mis ojos también han observado el dolor de todos y cada uno de los palestinos que he ido encontrando en mi camino.

Al recorrer los territorios palestinos la mirada también debe lidiar con un color:el gris. Los muros que Israel está construyendo desde la etapa de Ariel Sharon han teñido de gris un paisaje maravilloso. Entrar ahora en ciudades como Ramala o Belén supone ver muros altos, grises y en ocasiones teñidos de grafitis por la paz y en contra de la ocupación.

En una entrevista que el periodista Henrique Cymerman hizo a Ariel Sharon en 2003 el dirigente explicaba su visión y el por qué de la "verja" :

"Yo tuve que decidir entre dos opciones: que hubiera críticas o que hubiera terrorismo. Y no tardé ni dos segundos en decidir qué opción escoger. Si tengo que elegir entre proporcionar un modo de defensa más a los ciudadanos israelíes o recibir críticas, pues prefiero las críticas."

En esta última visita he estado en Jericó, una especie de ciudad oasis cercana al mar muerto, preciosa y que destaca por ser una de las ciudades más antiguas del mundo. Lo inusual de mi viaje ha sido la compañía. He viajado a Palestina con un israelí que se ha hecho pasar por británico, pues tiene dos pasaportes. Este israelí quería ver Jericó y estaba especialmente motivado por ver cómo era la otra parte. En su día a día suele tener una visión bastante sesgada de los palestinos. He escuchado de su voz la palabra "bárbaros", "incultos", "si vas al West bank te matarán" y un largo etcétera que no vale la pena comentar.

En esta ocasión este israelí debía ocultar su procedencia por propia seguridad. De hecho, los israelíes tienen prohibido ir al West Bank para evitar secuestros o cualquier tipo de conflicto. Lo curioso es que muchos israelíes viajan a diario a los territorios ocupados porque ahí tienen su casa: las colonias.

Al recorrer los territorios uno se encuentra con numerosos asentamientos en los que los colonos viven en condiciones envidiables a los ojos de los palestinos. En la colonia en la que he estado el pasado diciembre he podido ver casas con chimenea, piscina, piano, jardín propio. De todo. Y al otro lado sólo pobreza.

Un israelí me muestra su visión sobre las colonias: "Si un israelí tiene que comprarse un piso en Tel Aviv o construir una casa en las colonias a veces opta por las colonias. La tierra es gratis, sólo tienes que escoger que colina quieres, construir una buena casa y luego el Gobierno te defiende y te pone agua y luz. Está claro que no es la mejor forma de alcanzar la paz y yo estoy en contra". Todo esto me lo cuenta conduciendo por la carretera de Tel Aviv a Jerusalén, de uso exclusivo para israelíes y que atraviesa parte de los territorios. Muchos la llaman la carretera 'apartheid'.


Un taxista en Jericó y un israelí encubierto

En Jericó tuvimos la ocasión de encontrarnos con un francés que viajaba sólo con un taxista palestino al que le había pagado 60 euros por llevarlo a Belén, Jericó y otras zonas de los territorios. Este francés nos dijo "si queréis venir conmigo y nos vamos juntos a Jerusalén", nosotros aceptamos y conocimos al taxista. Un hombre increíble.



Este hombre tiene su vida unida a un taxi. En él pasa parte de su día. Me cuenta " a penas puedo ver a mi familia y estoy todo el día trabajando para poder pagar el alquiler del taxi, por eso, cuando estoy en el coche me gusta disfrutar con la gente que transporto, poner música, cantar. Es el único momento en el que puedo disfrutar"

Cuando habla de su familia sus ojos brillan y transmiten pena. Dice que su vida "es muy triste" y recuerda nostálgico años pasados cuando "con mi coche podía moverme sin ningún problema e ir a Jerusalén o Tel Aviv". Ahora la situación es diferente. Ni siquiera puede llevarnos desde Jericó a Jerusalén, ciudades separadas por 20 kilómetros de distancia, debido a las restricciones de seguridad.

Todo lo que cuenta y cómo lo cuenta remueve conciencias. La tensión de este viaje ha sido precisamente compartir coche con este hombre palestino y con mi amigo israelí. El taxista no sabía que el chaval es israelí y por lo tanto habla abiertamente de política.



En este café de Jericó asistí al "milagro". Un palestino y un israelí hablando tranquilamente de política. Cuál es la mejor solución. ¿Dos estados?, ¿Un único estado?, ¿Acabar con las colonias?

El debate fue apasionante y en ocasiones para mi la tensión me desbordaba. Era el único en la mesa que sabía que uno de los que hablaba era israelí. Pero creo que la ocasión fue magnífica para aproximar puntos de vista y romper la imagen sesgada que ambos pueblos mantienen sobre su enemigo.

Yo escuchaba ambas partes mientras tomaba un café árabe, compartía cachimba con mi nuevo amigo palestino y observaba como mi amigo israelí compartía opiniones con tranquilidad en un pequeño café de Jericó ante la atenta mirada del retrato de Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina. 

Ojalá hubiera más ocasiones así.

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Mateo Rouco

Estudiante erasmus en Israel.
Colaborador de Expansión desde Oriente Medio.