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jueves, 24 de octubre de 2013

El brusco silencio de Omar

Nervioso, cargado de amargos recuerdos y con la esperanza bajo mínimos salí de la sala de cine tras ver la película Omar, de Abu Assad. La sala estaba casi vacía, aquella noche no muchos parisinos habían decidido ir al cine para asomarse a uno de los conflictos más duraderos de la historia reciente. Cuando las luces se encendieron de nuevo nadie habló y todos caminaban pensativos, con las miradas algo perdidas y los corazones latiendo a un ritmo acelerado tras un final impactante que mantenía la tensión de una película dura, triste y sangrienta.


En ella los espectadores se asoman al mundo del colaboracionismo de los palestinos con las autoridades israelíes y al gran universo de la traición entre amigos, enamorados, combatientes… En la película hay exceso de sangre, se palpa el drama de la ocupación, se siente Israel y Palestina, pues los actores hablan hebreo y árabe, y uno se acerca, sin querer,  al día a día de los Territorios Ocupados.

Tras ver la película las esperanzas que muchos mantenemos en cuanto a una solución pacífica del conflicto se evaporan para dar paso a otras realidades que cuentan con más poder que la paz. El muro en construcción, las violaciones de derechos humanos, las cárceles, los presos, la ocupación israelí de los territorios, las guerras, las humillaciones, las torturas, los asentamientos, el inmovilismo a nivel internacional y otros muchos males que habitan por la zona son los que consiguen torcer, como vemos en la película y en el día a día en Israel y Palestina, el flaco brazo de la paz. Como digo, Omar no es un largometraje que contribuya a la esperanza. Tampoco Five Broken Cameras, documental lanzado el pasado año, o The Law In These Parts, documental altamente recomendable para aquellos que quieran saber cómo se administra la ley en el West Bank.

¡Ah, se me olvidaba decirlo! A la hora de ver esta película hay que tener muy en cuenta la presencia de la propaganda  y ser conscientes de que cada producción ya sea documental, película o cortometraje que venga de una u otra parte traerá consigo una parte de propaganda. Recordemos que tanto israelíes como palestinos son expertos en la materia. 


lunes, 8 de octubre de 2012

El octoberfest palestino

Este fin de semana he ido a Taybeh, una pequeña localidad en el West Bank donde se celebraba el octoberfest de Palestina. Este evento parecía más europeo que palestino. En todos los rincones de esta pequeña localidad se podían ver coches de alta gama con matrícula diplomática. 

Periodistas, voluntarios de ONG´s y diplomáticos de embajadas de todo el mundo han asistido en masa a descubrir la octava edición de este popular festival de la cerveza. Yo me fui solo a principios de la mañana y terminé conociendo a un sevillano llamado Rodrigo que estudia en la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Minutos más tarde conocí al Cónsul General de España en Israel, me encontré con Ana Carbajosa, corresponsal de El País y  hasta hablé gallego con Javier García, delegado de Efe en Israel,  y con Moncho, otro gallego que anda por la zona. También me encontré con Laura, una chica del País Vasco que trabaja para Naciones Unidas en la localidad palestina de Ramallah. 

El evento ha sido divertido, con mucha música, buen rollo y alegría. Al final hablé mucho español, algo de francés, un poquito de inglés y con mucha suerte me vine de Taybeh a Tel Aviv en coche diplomático de unos amigos de la Embajada. La verdad es que ha sido un día genial. 

El mal sabor de boca lo ha dejado, como siempre, el checkpoint de acceso a Ramallah y el muro que divide Israel y los territorios. De ello hablo en el post 'Hermosa y Amarga Palestina'  

Ah! En este videoblog veréis de qué va esto del octoberfest palestino! 

miércoles, 20 de junio de 2012

Occupying by law

As a student in Israel really interested in what is happening in the Occupied territories when I saw the documental ‘the land in these parts’  directed by Ra´anan Alexandrowicz I discovered a new face of the occupation: the occupation done by the law.




Nowadays the wars and the ways of occupation have seen important transformations. One should know that the countries fight in the battlefield but also in the media and in the legal spheres.

In this case, the documental showed how the Israelis developed a divided legal system. One for the territories, under the martial law, and another one for Israel, under civil law. This division created an unfair situation for the Palestinians since the arrived of the Israeli army in 1967.

I know Palestinians, I met different people when I was in Hebron, Nablus or Ramallah, and I remembered most of them when I saw this strong documental. In the film one can see how the heads of the Israeli legal institutions made decisions that transformed the life of the Palestinians and how the legal system helped, in a way, the different governments in order to develop new settlements, demolish Palestinian houses, blow up Palestinian lands during the process of creating a new outpost and putting in jail not only terrorist but also political activists.

The documental is really moving because one can see images from the past,  the eruption of the Hebron clashes, the birth of the first intifada and the faces of the members of Israel´s military legal corps,  the responsible of dealing with the law during the time of occupation.

As the title of the documental says the law has his parts. In this case nowadays we can still see the differences in both sides. When a settler in Hebron tries to hit a Palestinian the soldiers, more than 2.000 in the city, can´t do anything because this settlers are under the civil law of Israel. In the same situation if a Palestinian tries to hit a settler the soldiers has the legitimacy to act against him.

The documental has a principle question: Can a modern democracy impose a prolonged military occupation on another people while retaining its core democratic values?

After 45 years of occupation, two intifadas, a peace process that never ends, more settlements and a big historical UN resolutions violations  made by Israel, the State should think in answer this and other questions and finding new ways of solving long term problems.

In the documental some of the member of Israeli´s military they said that they were members of a system with who they felt unable to create a change. But in fact, some of them, as the president of the Supreme Court, were in the position of promoting changes within the system and had enough influence in the political system. Another question is if they wanted or not… 

For additional information :

martes, 1 de mayo de 2012

Entrevista a Álvaro Méndez, estudiante de Relaciones Internacionales


Álvaro Méndez, licenciado en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, antiguo locutor en Onda Cero, redactor en Marca y  uno de mis primeros compañeros de trabajo en El Confidencial Digital se animó a conceder una entrevista a este blog tras visitar Israel, Palestina y Jordania.

Álvaro Méndez en Petra. Jordania. 

Su visión es interesante ya que estudia  un máster en Relaciones Internacionales en la Universidad San Pablo-Ceu y es un apasionado de la información internacional. En su andadura por Israel tuvo ocasión de conocer a la corresponsal de El País, Ana Carbajosa, entablar conversaciones con israelíes y palestinos y ver el conflicto de cerca.

 Pero dejemos que nos lo cuente él....

Pregunta: ¿Cómo estudiante de un máster en RRII qué representa para ti el conflicto entre Palestina e Israel?

Respuesta:  A menudo se dice que Oriente Próximo es una región que crea más historia de la que es capaz de digerir. Creo que es una expresión que define a la perfección cómo es la situación en Israel y Palestina. Es el eterno conflicto sin resolver con un epicentro, Jerusalén, que concentra en poco más de un kilómetro cuadrado, los lugares más santos para dos religiones tan firmes como la musulmana y la judía. No es una región cualquiera, sino que hablamos de la única localización de todo el mundo donde lo acaecido durante más de quince siglos de historia sigue constituyendo una causa de conflicto.

Desde el punto de vista del derecho internacional, es todo un reto analizar todas las violaciones que desde 1947 se han producido en esta región. Guerras, ataques aéreos, terrorismo en tiempos de tregua, construcción de muros ilegales, expansiones territoriales mediante asentamientos ilegales...

Religión, tradición, política, derecho... Todo se mezcla.

P. ¿Comprendes mejor el conflicto al llegar a la zona y escuchar las voces de los israelíes y los palestinos?

R. No hay punto de comparación. Una cosa es ver un par de muros en televisión. Otra bien distinta es caminar por las calles de Hebrón con un palestino cuyo hermano fue asesinado durante un ataque israelí, o montarte en el taxi de un judío que te culpa como español de echar a los judíos de España hace 500 años y que se queja de que todo el mundo les quiere echar de todas partes. Son experiencias que te ayudan a entender desde qué principios siente el conflicto cada una de las partes.

Sí he de decir que me fue mucho más fácil entablar conversaciones más interesates con los palestinos. Los israelíes se mostraban más fríos, menos receptivos. Eso sí, me quedo con un testimonio que nos dejaron dos hermanos judíos estadounidenses de unos 65 años de edad que estaban en Israel para conmemorar Pésaj: “Lo que habría que hacer para poner a israelíes y palestinos de acuerdo es encerrarles a todos en una habitación y quitarles los cigarrillos. Así seguro que colaboraban”.

P. ¿Cuál crees que es el principal obstáculo para la paz entre ambos pueblos?

R. Creo que hay dos fundamentales. La cuestión de Jerusalén y los asentamientos. A Jerusalén ninguno de los dos bandos quiere renunciar, y en particular por la ‘explanada de las Mezquitas’ o por el ‘monte del Templo’. Da igual. Como queramos llamarlo, es el mismo sitio, es el lugar donde reside la idiosincrasia tanto del Judaísmo como del Islam. Para los judíos, ahí es donde Abrahám casi sacrifica a Isaac y donde se construyó el Templo. Para los musulmanes, es desde donde Mahoma subió a los cielos. En resumen, irrenunciable.

Y por otro lado, los asentamientos en Cisjordania. Israel se comprometió a desmantelarlos poco a poco. Sin embargo, está ocurriendo lo contrario. Cada vez construyen más, algo que, además de suponer el inclumpliento de una promesa, supone una manifiesta violación del derecho internacional, en particular de los Acuerdos de Oslo. Del muro que rodea Cisjordania (y que se mete también en ella) diré sencillamente que es vergonzoso.

Desde el punto de vista humano, poco más hay que decir. Los asentamientos suponen una cuna para el radicalismo y para el odio. El sentido común nos dice que unos niños judíos criados en el desconocimiento que proporcionan las vallas de las colonias crecerán con desconfianza (en el mejor de los casos) hacia sus vecinos. A los niños palestinos no les hará gracia tampoco que construyan asentamientos hostiles donde antes jugaban al fútbol. Es así de fácil y dramático.

P. ¿Estás de acuerdo con la visión que los medios españoles transmiten de Israel y de Palestina? ¿Qué cambiarías y qué mostrarías a la sociedad española?

R. Sinceramente, los medios españoles están poco prepocupados por la información internacional. Si acaso, publican noticias de la Primavera Árabe. No hay más espacio. Sí que suelo leerme las crónicas de Ana Carbajosa, corresponsal de El País en Jerusalén con quien tuve la oportunidad de coincidir en mi viaje. Todo un lujo de persona y de profesional.

A la sociedad española la animaría a que buceara en la red. Y, por supuesto, a que se pasara por este blog, que es una prueba de que el periodismo imparcial, de ver y contar, es muy posible.

P.  ¿Has sentido miedo en Israel, Palestina o Jordania o te has sentido seguro?

R. Cuando más inseguro me he sentido ha sido cuando en los check points y en las fronteras las fuerzas de seguridad israelíes me apuntaban con el rifle y con el dedo en el gatillo. Particularmente, en el paso fronterizo King Hussein-Allenby y en un control en Hebrón. No me gusta. No lo veo lógico tal y como está la situación

En Jerusalén también tuvimos un par de momentos tensos. Nuestro paseo por el barrio judío ultra-ortodoxo de Mea Shearim terminó cuando unos niños nos echaron a base de pedradas (al parecer, las sudaderas y los pantalones vaqueros largos de nuestras amigas no eran lo suficientemente ‘modestos’). Y también, caminando por la muralla junto al barrio musulmán, otros mozos nos tiraron piedras al grito de “¡Yankys, yankys!”.

P. ¿Cuál ha sido el momento que más te ha impactado en la zona (para bien o para mal)?

R. Quedarme con uno es dificil. Muy dificil. Así que tiraré de la primera impresión que tuve al bajarme del coche en Jerusalén. Era sábado (Sabbat), y todo estaba cerrado. ¡Pero cerrado de verdad! Ni gente por las calles, ni transporte público... Nada de nada. Me impactó para mal. No entiendo que una ciudad como Jerusalén se paralice por completo un día a la semana.

P. ¿Qué echa de menos un español en Oriente Medio, cómo te sentiste al llegar aquí?

R. Como cristiano, sentía que llegaba al lugar donde todo empezó, donde todo acabó, y donde todo empezó otra vez. Creo que el sentimiento era de expectación.

Y como español, lo tengo claro. En Israel eché de menos las cañas y el pan (en Pésaj), y en Jordania el rico jamoncito. Me acabó saliendo hummus por las orejas (lo sé, me merezco una buena censura en esta última gracia).

P. Tu principal crítica al gobierno israelí y tu principal crítica al gobierno de Mahmoud Abbas.

R. El principal problema que tiene Abbas es la corrupción que se ha instalado en Fatah. Eso les ha quitado, a mi entender, mucho apoyo popular, apoyo que ha acabado en Hamas. Y creo sinceramente que es justo lo que hay que evitar.

A Benjamin Netanyahu lo primero que le critico es su radicalismo. La política expansionista en Cisjordania mediante la construcción de colonias ilegales es incompatible con una resolución del conflicto. Lo mismo se puede decir del terrible muro. Así no se llega a ninguna parte.

Fuera del conflicto palestino-israelí, creo que es necesario hacer hincapié en lo estúpido que sería un ataque contra Irán. La ‘estabilidad’ que se ha logrado en Israel en los últimos años se vería seriamente amenazada, ya que tanto Hizbullá como la Siria de Al Asad (si siguiera) atacarían sin dudarlo.

P. ¿Animarías a los españoles a descubrir el conflicto por sí mismos? ¿Volverás a visitar esta tierra?

R. Por supuesto. Es una experiencia única. Además hay que aprovechar ahora, que parece que el conflicto ha entrado en una fase que podríamos definir como de calma tensa. De hecho, yo tengo que volver. No me dio tiempo a ver Nazareth, Haifa, Ramallah (me tiré más de dos horas atascado a los pies del muro) y Gaza (al menos, desde las colinas que hay cerca).

Animaos. En serio. Es una oportundad única para entender 3.500 años de historia en apenas una semanita.

sábado, 14 de abril de 2012

Hermosa y amarga Palestina



La belleza de una tierra encuentra aquí la amargura de un conflicto. Las veces que he podido estar en los territorios que en un futuro formarán el Estado de Palestina he quedado atónito por la belleza de los paisajes, el color de la tierra y la amabilidad de sus gentes. Al mismo tiempo mis ojos también han observado el dolor de todos y cada uno de los palestinos que he ido encontrando en mi camino.

Al recorrer los territorios palestinos la mirada también debe lidiar con un color:el gris. Los muros que Israel está construyendo desde la etapa de Ariel Sharon han teñido de gris un paisaje maravilloso. Entrar ahora en ciudades como Ramala o Belén supone ver muros altos, grises y en ocasiones teñidos de grafitis por la paz y en contra de la ocupación.

En una entrevista que el periodista Henrique Cymerman hizo a Ariel Sharon en 2003 el dirigente explicaba su visión y el por qué de la "verja" :

"Yo tuve que decidir entre dos opciones: que hubiera críticas o que hubiera terrorismo. Y no tardé ni dos segundos en decidir qué opción escoger. Si tengo que elegir entre proporcionar un modo de defensa más a los ciudadanos israelíes o recibir críticas, pues prefiero las críticas."

En esta última visita he estado en Jericó, una especie de ciudad oasis cercana al mar muerto, preciosa y que destaca por ser una de las ciudades más antiguas del mundo. Lo inusual de mi viaje ha sido la compañía. He viajado a Palestina con un israelí que se ha hecho pasar por británico, pues tiene dos pasaportes. Este israelí quería ver Jericó y estaba especialmente motivado por ver cómo era la otra parte. En su día a día suele tener una visión bastante sesgada de los palestinos. He escuchado de su voz la palabra "bárbaros", "incultos", "si vas al West bank te matarán" y un largo etcétera que no vale la pena comentar.

En esta ocasión este israelí debía ocultar su procedencia por propia seguridad. De hecho, los israelíes tienen prohibido ir al West Bank para evitar secuestros o cualquier tipo de conflicto. Lo curioso es que muchos israelíes viajan a diario a los territorios ocupados porque ahí tienen su casa: las colonias.

Al recorrer los territorios uno se encuentra con numerosos asentamientos en los que los colonos viven en condiciones envidiables a los ojos de los palestinos. En la colonia en la que he estado el pasado diciembre he podido ver casas con chimenea, piscina, piano, jardín propio. De todo. Y al otro lado sólo pobreza.

Un israelí me muestra su visión sobre las colonias: "Si un israelí tiene que comprarse un piso en Tel Aviv o construir una casa en las colonias a veces opta por las colonias. La tierra es gratis, sólo tienes que escoger que colina quieres, construir una buena casa y luego el Gobierno te defiende y te pone agua y luz. Está claro que no es la mejor forma de alcanzar la paz y yo estoy en contra". Todo esto me lo cuenta conduciendo por la carretera de Tel Aviv a Jerusalén, de uso exclusivo para israelíes y que atraviesa parte de los territorios. Muchos la llaman la carretera 'apartheid'.


Un taxista en Jericó y un israelí encubierto

En Jericó tuvimos la ocasión de encontrarnos con un francés que viajaba sólo con un taxista palestino al que le había pagado 60 euros por llevarlo a Belén, Jericó y otras zonas de los territorios. Este francés nos dijo "si queréis venir conmigo y nos vamos juntos a Jerusalén", nosotros aceptamos y conocimos al taxista. Un hombre increíble.



Este hombre tiene su vida unida a un taxi. En él pasa parte de su día. Me cuenta " a penas puedo ver a mi familia y estoy todo el día trabajando para poder pagar el alquiler del taxi, por eso, cuando estoy en el coche me gusta disfrutar con la gente que transporto, poner música, cantar. Es el único momento en el que puedo disfrutar"

Cuando habla de su familia sus ojos brillan y transmiten pena. Dice que su vida "es muy triste" y recuerda nostálgico años pasados cuando "con mi coche podía moverme sin ningún problema e ir a Jerusalén o Tel Aviv". Ahora la situación es diferente. Ni siquiera puede llevarnos desde Jericó a Jerusalén, ciudades separadas por 20 kilómetros de distancia, debido a las restricciones de seguridad.

Todo lo que cuenta y cómo lo cuenta remueve conciencias. La tensión de este viaje ha sido precisamente compartir coche con este hombre palestino y con mi amigo israelí. El taxista no sabía que el chaval es israelí y por lo tanto habla abiertamente de política.



En este café de Jericó asistí al "milagro". Un palestino y un israelí hablando tranquilamente de política. Cuál es la mejor solución. ¿Dos estados?, ¿Un único estado?, ¿Acabar con las colonias?

El debate fue apasionante y en ocasiones para mi la tensión me desbordaba. Era el único en la mesa que sabía que uno de los que hablaba era israelí. Pero creo que la ocasión fue magnífica para aproximar puntos de vista y romper la imagen sesgada que ambos pueblos mantienen sobre su enemigo.

Yo escuchaba ambas partes mientras tomaba un café árabe, compartía cachimba con mi nuevo amigo palestino y observaba como mi amigo israelí compartía opiniones con tranquilidad en un pequeño café de Jericó ante la atenta mirada del retrato de Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina. 

Ojalá hubiera más ocasiones así.

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Mateo Rouco

Estudiante erasmus en Israel.
Colaborador de Expansión desde Oriente Medio.