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sábado, 24 de marzo de 2012

Café Damasco

Os invito a tomar un café conmigo. Sentaros en frente de la puerta de Damasco -Jerusalem Este-, comprar un café árabe con canela o un té de menta. Cerrar los ojos y viajar al pasado.Disfrutemos Oriente Medio juntos.


Puerta de Damasco| Jerusalem

La puerta de damasco me traslada a otro tiempo. Es uno de mis lugares favoritos de Jerusalén. Observo a mi alrededor mujeres tapadas con pañuelo hablando en árabe. Cuatro pasos más adelante me encuentro un grupo de judíos ortodoxos, niños palestinos jugando a la pelota o intentando vender sishas a los turistas. Por otra parte, siempre encuentras algún joven voluntario de alguna ONG perdido que viene a Oriente Medio, al país del libro, a ayudar.

Su mirada recorre de arriba a abajo los rincones de una ciudad encantadora. Una ciudad de conflicto, de mezcla, de sorpresas. Una ciudad llamada Jerusalem para unos, Al Quds para otros.

Es la ciudad santa. Pero aqui la santidad está repartida. Suena la llamada al rezo de las mezquitas al mismo tiempo que las campanas de los santos lugares cristianos recuerdan los pasos de Jesús por estas calles. El olor a incienso y a especias es un lujo que sólo aquí se puede disfrutar.

Sigo sentado con mi cafe y mi narguila volando con mi imaginacion por una ciudad que me enamora. Ojalá tengáis la oportunidad algún día de venir a este lugar, cerrar los ojos y escuchar solamente y durante unos minutos vuestra imaginación, vuestros sueños. Esta realidad.


Mateo Rouco

Estudiante erasmus en Israel.
Colaborador de Expansión desde Oriente Medio.


jueves, 24 de noviembre de 2011

El Dios del Facebook

"¿Qué publicarías en el Facebook de Dios?, ¿Qué le mandarías por mail?, ¿ Y si quisieras escribirle un sms?". Con estas preguntas nos asaltó el lunes esta semana Rachel Prero en una cena semanal que organiza una organización llamada Jeff Seidels* y que Rachel representa en la ciudad de Beersheba, al sur de Israel.

La verdad es que me resulta complicado explicar en qué consiste esta organización. Vamos a empezar. Dicha organización ofrece a los estudiantes de la Universidad de Ben Gurión una 'beca' semestral de aproximadamente 400$ por asistir cada semana a unas magníficas cenas.

Comida india, mejicana, china, de todo. Aquí nos alimentan de maravilla y además nos permiten llevarnos lo que quede de comida en pequeños tupper. Las cenas comienzan a las 20:00 de la tarde y suelen alargarse hasta las 22:00.

Tras cada cena llega el momento extraño para los estudiantes internacionales que no somos judíos (cuatro gatos). Al finalizar el último bocado se inicia una charla o algún evento relacionado con el judaismo y que trata de transmitir los valores de dicha religión.

Esta semana el tema eran las nuevas tecnologías y Dios. Por ese motivo nos mandaron escribir en tres papeles diferentes qué le mandaríamos a Dios si tuvieramos que publicar en su muro de Facebook, enviarle un sms o bien mandarle un mail. Curioso.

Al margen de mis típicos pensamientos y dudas de ¿por qué nos pagan más de 400 dólares? o ¿por qué nos alimentan taaaaan bien y nos dan cena gratis? el pasado lunes me dije "qué buena oportunidad de aprender sobre esta religión". Y de hecho, eso hago cada vez que asisto a una de estas reuniones.

Hombres aquí, mujeres allá

Este lunes aprendí un nuevo detalle sobre el judaismo. Al terminar la cena nos separaron a los chicos de las chicas pero no sabíamos por qué. Cada grupo nos pusimos a debatir sobre la relación de la religión con las nuevas tecnologías y demás cuestiones religiosas.

En el aula de al lado (la zona de chicas), el sonido de una guitarra y una mujer cantando nos llamaba la atención y distraía a los chicos de los 'profundos' debates teológicos. Algunos decíamos "queremos oír la música, queremos ir a la otra clase".

No era posible porque según me explicó Batsheva, la cantante del aula de al lado, las mujeres no pueden cantar delante de los hombres. Va en contra de la religión judía.

De hecho, cuando le dije a Batsheva "la próxima vez no nos separeis que nosotros también queríamos escuchar las canciones" se puso algo nerviosa y me dijo "¿ escuchaste la cancion?".

Mi respuesta fue afirmativa y la suya fue " no, no, dime que no escuchaste la canción" y yo le dije "pues si...". Ahí fue cuando me explicó que ella no puede cantar delante de chicos. Su respuesta me sorprendió a mi y a alguno de mis compañeros, estudiantes americanos judíos, y nos aclaró el por qué de la separación.

Sabemos que hay barrios ultraortodoxos en Jerusalem como Mea Shearim en los que la gente vive sin teléfono móvil, sin televisión, no leen los periódicos e incluso escupen o tiran piedras a los turistas que osan visitar su barrio sin cumplir las normas que lo rigen. Se declaran contrarios a la modernidad e incluso al sionismo.

En Jeff Siedel son religiosos, diríamos que ortodoxos, pero no extremos. En cuanto al debate de este lunes sobre nuevas tecnologías la conclusión de Rachel Prero, representante de la organizazión Jeff Seidels en Beersheba, fue la siguiente:

"Dios no tiene Blackberry, pero es mi contacto favorito. No tiene Facebook , pero él es mi mejor amigo. Dios no tiene Twitter, pero lo sigo igualmente. Él no tiene internet, pero estoy conectado a él. Quizás tenga una gran base de datos pero su servicio al cliente nunca me pone en espera. Él es el mejor antivirus".

Algunos terminaron la reunión con más dudas que antes. Otros con cara de póker. Y yo, satisfecho tras haber aprendido más cosas sobre el entorno que me rodea. Este tipo de detalles me recuerda que estamos en Tierra Santa.

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* Jeff Seidels se define a sí misma como una organización que ayuda a los estudiantes de todo el mundo a encontrar la razón de ser judío y a profundizar en la historia del judaismo.

Me parece interesante poner algún vídeo para que veáis en qué consiste esta organización:

Vídeo promocional de Jeff Seidels


Vídeo de el fundador de la organización explicando qué hace y por qué:



Mateo Rouco

Estudiante erasmus en Israel.
Colaborador de Expansión desde Oriente Medio.



sábado, 8 de octubre de 2011

Enciendan las luces, acaba Yom Kipur

Estoy sentado en el medio de una de las principales avenidas de la ciudad de Beersheba al sur de Israel. Tranquilos, no me he vuelto loco, no quiero suicidarme y ningún coche va a atropéllame porque hoy es Yomkipur.

Niños israelís difrutando del día santo con sus bicis.

El país se paraliza, la circulación en coche está prohibida desde la puesta de sol del viernes 7 de octubre hasta el ocaso del día siguiente. Los niños salen a las calles con sus bicicletas, las madres pasean con sus carritos por el medio de las grandes avenidas. Los ancianos hacen su paseo diario pero hoy ocupan las carreteras. Hoy mandan ellos.

Los coches aparcados, las bocinas descansando, las sirenas no suenan. Todo es calma y relajación. Las ciudades se transforman en lugares tranquilos, sin ruido. Yo experimento el gusto de caminar por el medio y medio de la carretera. Me siento extraño y ,a veces, no puedo evitar mirar de reojo “no vaya a ser…” aunque también me emociona la idea de hacer lo que día a día está prohibido.

La emoción de lo prohibido se mezcla con el hartazgo provocado por el exceso de tranquilidad y de fiestas religiosas. Festividades que son capaces de paralizar un país completo y de condicionar la libertad de aquellos que , a pesar de no ser religiosos, deben seguir la ruta marcada por la sociedad.

Hoy, momento en el que los judíos celebran el día del perdón o del arrepentimiento, buena parte de la sociedad isralí ayuna. Según una encuesta publicada por un periódico local un 58% de la población no comerá ni beberá durante esta jornada. Los más religiosos también prescindirán del uso de aparatos eléctricos.

Afortunadamente ( para mí) ya son las cinco de la tarde, comienza la puesta de sol y con ella el fin del Yomkipur, me levanto del suelo e inicio el camino de vuelta a casa. En pocos minutos los coches volverán a las carreteras y al fin estaremos otra vez en el siglo XXI...



"Shalom, shalom Yomkipur"


Mateo Rouco

Estudiante erasmus en Israel.
Colaborador de Expansión desde Oriente Medio.