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martes, 15 de mayo de 2012

Mi 15M en Israel


Hace un año veía en las pantallas del diario El Mundo el estallido de una revolución social en las calles de la ciudad que me había acogido como estudiante de periodismo, Madrid. A pocos minutos de mi casa, en la puerta del Sol, miles de jóvenes protestaban por una situación insostenible.

Ahora veo el movimiento desde Israel con nostalgia, con los recuerdos de aquella época y de aquel momento histórico para los jóvenes españoles. Estoy en Oriente Medio y sigo pensando que todo va muy mal en España. Ya no me quiero volver.

Mi ordenador echa humo tras horas y horas de búsqueda de becas, prácticas, trabajos que me lleven a algún lugar del mundo en el que pueda desarrollar un trabajo digno. Brasil, la India, China, México, todos ellos forman parte de una misma oportunidad a la que quiero aferrarme para lograr un trabajo en el que pueda seguir aprendiendo y desarrollándome a nivel profesional.

La vuelta a casa no es una opción. No es que no quiera ver a mamá, papá, abuelos, amigos.... ¡Claro que quiero verlos y estar con ellos! Pero,  ¿Si vuelvo qué hago? Esa es la pregunta clave. Las ofertas son prácticas como becario en algún medio cobrando de 100 a 400 euros para vivir. Seré explotado el tiempo suficiente para luego ser lanzado al paro en el que el 50% de jóvenes españoles me estará acompañando.

Este es el panorama. España es un país que no aprovecha a sus jóvenes, que no sabe exprimir el conocimiento y los estudios de aquellos hombres y mujeres que con inquietud observan el mundo y aún apuestan por un cambio. Así lo digo y así lo repetiré. España tiene un gran problema.

El país camina hacia el desmantelamiento del Estado de Bienestar en el que muchos hemos crecido y que es estrictamente necesario. En los últimos días hemos visto como el Gobierno acudirá al rescate de Bankia al mismo tiempo que dice que se deben recortar las partidas de los presupuestos en I+D, educación, sanidad...TODO se puede recortar en nombre del mercado. Y obviamente, todas estas medidas tienen una consecuencia necesaria : la protesta.

Los jóvenes están marginados del panorama político, económico y educativo. Aquí ,en Israel, florecen cada día empresas e ideas de jóvenes que crean proyectos, se los presentan a un inversor y montan su compañía. Así de fácil y rápido.

Al margen de este tipo de iniciativas, en Israel también han existido protestas masivas durante el pasado verano. Aquí el problema es el excesivo precio de la vivienda, la carestía de la vida y la desigualdad social. En algunos aspectos el indignado israelí y el español tienen mucho en común y ambos están organizándose para protestar contra sus gobiernos.

Una de las cosas buenas que quiero destacar de España es el florecimiento de una  nueva ola de emprendedores. Estos individuos que tanto quiero y admiro apuestan por cambiar sus vidas a través de ideas que aspiran cambiar el mundo. Tengo un buen grupo de amigos que se esfuerzan día y noche por llevar adelante sus proyectos. Con 22 años algunos ya han logrado montar su compañía, han logrado inversores y ahora están con su sueldo y con una firma a su cargo.

Para ellos y para todos los jóvenes pido más apoyo, reconocimiento, empatía. Pido un cambio en la mentalidad de todos y cada uno de los españoles. Tenemos que abandonar el derrotismo, crear nuevos proyectos y si hace falta irse al extranjero, como yo, habrá que marchar, aprender, hacer contactos, importar ideas y seguir adelante.

La verdad es que no podía dejar pasar este 15M sin reivindicar apoyo para los jóvenes.  A ellos confío el futuro de un país acorralado por la prima de riesgo, con la Bolsa en caída libre, y sometido a la duda internacional. Es tarea difícil pero no imposible. 



Si queréis ver proyectos de jóvenes emprendedores en España  aquí os dejo algunos:

Javier Camacho lidera  Tu Peli 
Victor Rodado. Cofundador de la red social  Futmi
Daniel de Vicente. Publicó su primer libro con 21. Escribir para vivir 
Seis jóvenes montaron una productora audiovisual 309 audiovisual 
Un joven madrileño estudia un año en Australia y monta Australian Way
Isaac Benzaquen monta una firma de inversiones con 27 años
En Wayra, incubadora de Telefónica, encontráis más emprendedores.
Start up Spain, un proyecto curioso.

jueves, 25 de agosto de 2011

Bienvenido a Israel, pensé...

Han pasado demasiados días en los que no he escrito nada. Siendo un estudiante de periodismo esto es más que un pecado y debería incluso ser castigado. Pero sobrevivir en Israel me ha llevado a alejarme un poco del teclado de mi ordenador y vivir nuevas experiencias.

Llevo aquí tres semanas. Aún recuerdo el 7 de agosto día en el que llegué al aeropuerto de Ben Gurión en la ciudad de Tel Aviv. Ese domingo fue un día duro. Tras pasar más de cuatro horas de control de seguridad en el aeropuerto de Madrid, Barajas, ser interrogado por los trabajadores de la compañía El Al y que todo mi equipaje fuera observado al detalle, por fin conseguí llegar a Tel Aviv. Eso sí, mi viaje aún no había acabado, tenía que llegar a la ciudad de Beersheba, a una hora y media del aeropuerto.

Mis principales problemas: el hebreo, el choque cultural ( ver una gran cantidad de soldados en los trenes con armas resulta chocante para un europeo) y el shock de sentir que tu vida va a cambiar de golpe.

El viaje en tren fue horrible, no sabía si estaba en el tren adecuado, estaba nervioso, incluso asustado, observaba todo al detalle aunque desconocía el paisaje que me rodeaba. Iba en un tren cuyas únicas vistas eran la oscuridad de la noche, aquí se pone el sol sobre las 19:00, los israelís escuchando música en sus teléfonos ( de los que nunca se despegan) y mi equipaje.

Tras ese horrible trayecto llegué a Beersheba a las diez de la noche. No tenía teléfono móvil para llamar a la única persona que conocía en la ciudad y me podía ayudar: Tania. Conseguí que una chica me dejara su móvil para llamar pero Tania no contestó. Al segundo intento conseguí hablar con mi amiga:

“Tania, acabo de llegar, aún no he hablado con mi casera pero tienes que ayudarme rápido porque temo que hoy puedo dormir en la calle

Con estas palabras le expliqué una gran verdad, corría el riesgo de ser un 'homeless' en Israel. Con la llegada de Tania a la estación llegamos a la situación más crítica al llamar a la casera:

“ Lo siento pero hoy no le podemos dar las llaves, es demasiado tarde y habíamos quedado a las siete de la tarde, mañana le damos las llaves"

Bienvenido a Israel, pensé, ya estás oficialmente en la calle. Afortunadamente las dotes negociadoras de mi amiga junto a mi extrema situación ayudaron a ablandar el corazón de Hanna, la casera, que envió a su marido al apartamento para darme las llaves.

El apartamento...'apasionante'.Sin lavadora, sin internet, sin sabanas, la cocina de 'Cuéntame cómo pasó' o peor, la bañera con grandes manchas negras que no dejaban ver ni el blanco de la bañera, hormigas. Todo lo que te puedes imaginar en una pesadilla, todo, aquí se encontraba.

Y ahora que ya han pasado un par de semanas ya he aprendido a vivir con menos cosas, adaptándome a la comida, a este apartamento, a estas calles, a este idioma y hasta a los cohetes que nos llegan de la franja de Gaza, que se encuentra a una media hora en coche desde Beersheba.

Precismente hoy he vivido mi cuarta alarma. El sistema que tienen aquí para alertar a la gente funciona así: suena durante sesenta segundos una fuerte alarma, en ese tiempo debes refugiarte en algún lugar donde al menos te separen dos paredes del muro que de a la calle, te pones a cubierto, escuchas el “boum” y luego esperas unos cinco minutos y ya puedes respirar tranquilo.

Hoy hemos tenido dos muy seguidas durante la noche. La segunda fue especialmente interesante. En el apartamento nos encontrábamos uno de mis amigos, Théo, mi compañero de piso, Constantine, y dos amigos suyos. Todos salimos corriendo de las habitaciones y nos dirigimos al lugar más “seguro” de la casa: un pequeño armario en el que apenas entramos los 5.
Calle Bialik 11 y mi 'refugio' anti cohetes

La experiencia de estar encerrados en este 'refugio' cinco minutos esperando el sonido de un cohete aterrizar en algún lugar de tu ciudad no es un plato de buen gusto para nadie. Eso sí, pasar un tiempo aquí la gente dice que incluso es un buen momento para “fabricar” anécdotas que contar a tus nietos y que te terminas acostumbrando.

Hoy decidimos tomarnoslo de buen humor y hasta sacamos una foto a los cinco encerrados. Todos preparados para ir a domir, ya eran las doce de la noche, los amigos de mi compañero de piso y Constantine ya llevaban alguna cerveza encima y a mi aún me quedaban por hacer mis deberes de hebreo. Sin duda un momento para recordar y sobre todo para contar.

Como estos momentos hay muchos más que os iré contando.Estas tres semanas han dado para tanto que si me pongo a escribir no paro. Aún así, tengo que acostarme y aprovechar las horas en las que no nos envíen misiles para poder dormir tranquilo. Quizás en unas horas una nueva sirena vuelva a interrumpir la tranquilidad de Beersheva. Esperemos que no.


Mateo Rouco

Estudiante erasmus en Israel.
Colaborador de Expansión desde Oriente Medio.